25 de marzo de 2004

Sudor

Conocí a Miguel (no es su nombre verdadero) hace mucho, mucho tiempo. Estábamos en prepa. Distintos grupos, distintos amigos. No me parecía especialmente atractivo. Le perdí la pista y hace poco lo volví a encontrar. Había cambiado. Supongo que también yo cambié. Pero al destino le gusta jugar y nos colocó en el mismo tablero.

Ya saben, como dí un cursillo de EXcel, la oficina que me contrató lo envió a checar papeleo pendiente. Me daba gusto verlo, y supongo que la simpatía era mutua. Siempre estaba sonriéndome.

Ayer, a su lado, reviví una situación que hacía muchísimo no vivía. Dicen que ya que lo haces por primera vez, las demás son, por así decirlo, “pan comido”. Conmigo no. Yo siempre, siempre me encuentro nerviosa en esos momentos. A pesar de que mi primera vez fue hace muchísimo tiempo (la verdad, ya ni me acuerdo), siempre me entra un nervio hilarante. Esta vez no fue la eXcepción.

Toqué la puerta y me indicó con un ademán amable que pasara. Un beso fugaz en la mejilla (había otras personas en la sala). Dijimos ese tipo de cosas que la gente dice cuando no quiere hablar o teme hablar demasiado o no es el momento adecuado.

Nos quedamos solos. Notó mi nerviosismo. Trató de tranquilizarme, llevándome a donde él quería que ocurriera todo. Y ocurrió. ¡Dios! ¡Cómo detesto parecer una primeriza! Digo, también (aquí entre nos) hacía tres años que no lo hacía. Reza el dicho que lo que bien se aprende, jamás se olvida. Pero ¿y si ahora hacía algo mal? Traté de despejar mi mente, concentrarme en lo que estaba haciendo, disfrutando del momento (¿quién sabe cuando vuelva a surgir una oportunidad como esta? ¡tres años! Maldición, tengo razones para estar nerviosa). Mi mano cobró vida propia, se deslizó, como recordando algo que se ha sabido desde hace tanto, desde el principio de los tiempos. Yo la miraba como desde lejos, como si no fuera yo, como si fuera alguien más. Sentí calor.

Sudaba como cerdo y lo miraba. Sólo sonreía (¿qué este hombre no sabe hacer otra cosa que sonreír?). El tiempo avanzaba con rapidez. Cuarenta y cinco minutos después, agotada, me derrumbé. El sueño que podía haber tenido se me había esfumado. Sonriendo yo también, apenada, comencé a recoger mis cosas.

-“Bueno, me llamas o qué? – MarthaX titubea. A pesar de todo conserva su timidez.
- “Claro. La semana que entra. Cuídate”.
- “Igual. Bye”.

Otro beso. Salgo. El sol de las 9:23 a.m. me pega de lleno.
Espero esto no me traiga problemas posteriores, ya saben, algunas veces, este tipo de situaciones traen consecuencias. Espero sólo sean positivas (o debo decir negativas? ya no se ni que pensar)

Espero que me llame. Sé que tardará unos días en analizar lo que pasó.
Tres años. WOW! ¿Cómo he podido vivir sin la adrenalina resultante?

Sigo reviviéndolo en mi mente, una y otra vez: “¿Nombre? MarthaX. ¿Fecha? 24/03/04. Relacione la columna de la derecha con las respuestas de la izquierda...”.

Tres años sin hacer un eXamen. Sin tomar un lápiz del núm. 2. Sin leer en voz baja letras que forman palabras que forman oraciones que forman preguntas. Y yo conozco la respuesta, sólo es cuestión de concentrarme, sumergirme en mi memoria y eXtraer los datos.
Pero por favor, que no me sonría un chico atractivo. A pesar de que Miguel no es guapo, me parece atractivo, sí, definitivamente me pone nerviosa. ¡Que bueno que se fue a otro cubículo apenas me dio las hojas de la prueba!

Quedó de llamarme la próXima semana para entregarme los resultado del eXamen que se les hizo a todos los intructores.

Antes, cuando era estudiante, odiaba los eXámenes. La verdad, sigo odiándolos. Me ponen nerviosa. Me dan ataques de risa loca. Pero sobre todo: odio sudar como cerdo.

24 de marzo de 2004

Victimas, numeros

Hace unos días encontré la siguiente noticia en el periódico, perdida entre desplegados a ocho columnas (el 11-M había ocurrido un día antes):

IDENTIFICAN CADÁVER DE CD. JUÁREZ
SUN
MÉXICO, D.F.
La Procuraduría General de la República (PGR) informó el viernes que ya fue identificada la mujer de 23 años que esta semana apareció asesinada en Ciudad Juárez: se trata de una madre de familia que deja en la orfandad a tres menores, uno de ellos de siete meses.
“El cuerpo localizado la mañana del 10 de marzo en el predio denominado ‘El Mimbre’ pertenece a Rebeca Contreras, de 23 años de edad, quien murió asfiXiada por estrangulamiento”, detalló la PGR en un comunicado.


Una muerta más.
Una víctima más de la maldad, de la intolerancia que todos los días, en todas partes, se manifiesta.
No sé los demás, pero a mí me afecta mucho lo que ocurre en la ciudad fronteriza de Juárez. Desde que iniciaron los asesinatos, he tratado de mantenerme informada respecto al avance de las investigaciones, pero si vemos los hechos fríamente, sólo nos damos cuenta que sabemos muy poco de los asesinos y de sus motivos para asesinar mujeres como Rebeca: clase media-baja, obreras, bonitas, morenas, cabello largo.

Yo no conocí a Rebeca. No ví su cara. No conozco a su familia. No sé si le gustaba leer poesías, si usaba lápiz labial rojo, si le gustaba cocinar pasteles, si estaba reconciliándose con su pareja, si soñaba con una fiesta de XV años para su hija (la que ella no tuvo). No lo sabré. Ellos (los que la mataron) nos quitaron la oportunidad de conocernos. Y obligó a Rebeca a ser una víctima más. Un número más. Una muerta más. Un eXpediente, una fotografía, un cuerpo en la morgue, un motivo para que mujeres y hombres de todas las clases sociales salgan a las calles a eXigir justicia.

Esos asesinos obligaron a Rebeca a ser sólo veintitrés segundos en el noticiero de las 3 p.m. Redujeron su vida a unas cuantas palabras en un recorte de periódico en la esquina inferior derecha de una hoja par. ¿Cuantas historias podríamos contar de las dos mil y pico de víctimas del 11-S, de las 201 del 11-M y de las más de 300-MJ (Muertas de Juárez)?

Reclamo para todos ellos algo más que un número, un recuento; eXijo un compromiso de vivir plenamente nuestras vidas y encontrar un ¿porqué? a sus muertes, aquellos que tenemos la oportunidad de vivir un día más (a las víctimas no les permitieron darse ese lujo).

Yo, pedacito de grito, publico una denuncia en un blog perdido en la inmensidad. Para que, como piedra arrojada a un estanque, haga ondas y se convierta en ola que azote la orilla de nuestras conciencias.

El regalo de Adán

No he escrito nada porque no se me ha dado la gana. No he tenido nada interesante que decir, así que mejor, aquí les va un chiste que me hizo sonreír. No soy muy dada a los chistes seXistas, pero la descripción de la alegría que siente Adán por "UN" regalo, me pareció muy divertida.

¿Por qué los hombres hacen de pie?

Parece que Dios ya estaba acabando de crear el universo, pero todavía le quedaban un par de cosas por repartir, así que decidió hablar con Adán y Eva.

Les dijo que una de las cosas que aún le quedaban era algo que permitiría, a quien lo tuviera, hacer pipí estando de pie.

"Realmente es algo muy útil", les dijo Dios, "y estaba pensando si les interesaría a alguno de ustedes".

Adán empezó a dar saltos y le rogó, "¡Yo quiero eso! ¡Dámelo a mí, porque yo sé cómo usarlo! Me parece que es justo la clase de cosa que un hombre debe poder hacer. ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favoooooor!¡Yo quiero eso!".

Y seguía pidiendo, mientras tiraba una de las mangas de la túnica de Dios.

Eva sonrió al ver esa escena y le dijo a Dios que si Adán deseaba tanto eso, debería dárselo a él. Así que Dios le dio a Adán la cosa que le permitiría hacer pipí de pie, y que lo tenía tan emocionado.

Apenas lo recibió, Adán fue corriendo a probarlo sobre un árbol, y después escribió su nombre en la arena, mientras reía a carcajadas, encantado de lo que podía hacer con su regalo.

Dios y Eva lo estuvieron mirando un rato, y entonces Dios le dijo a Eva, "Bien, aquí tienes la otra cosa que tengo para repartir, y que creo que te pertenece".

"¿Y cómo se llama?", preguntó Eva.

"Cerebro", dijo Dios.