León-Pedrones se humedece y se encharca. En unos días brotarán unas briznas efímeras, pero todos lo celebraremos. Los arroyos, los pájaros, las abejas que por montones se cuelgan de la gota interminable en la llave de mi lavadero, SAPAL... Y yo, por supuesto.
Mientras escribo esto, oigo el rumor sordo de la lluvia, sonido que ni los coches de la cercana avenida (siempre, siempre transitada) pueden mitigar.
Hoy me sucedieron un par de cosas extraordinarias: estaba esperando cruzar la avenida cuando pasó un autobús urbano. Un chico guapo que iba subido me miró. Yo sonreí ¿Qué más podía hacer? Para una tímida como yo, es un avance gigantesco.
Pérense, y luego, camino a mi hora de tortura, digo, ejercicio... Se me ocurrió que por primera vez en mi vida no siento retortijón por la cercanía del 14 de febrero. Soy #foreveralone, pero este año me siento tranquila, you know... porque por primera vez (jaja) me tengo a mí.
En fin... la onda era que, al terminar mi rutina de baile, me llegó esa sensación de nirvana que los amantes del deporte suelen asociar con el ejercicio: un gozo, una paz, una comunión entre tu cuerpo y tu mente... Bueno, yo sentí algo así... ja, de modo que no son mentiras!! XD
Tuvieron que pasar SEEEEEEEISSSS MESES, pero ok, perseverancia es la clave. Ya cacté.
Últimamente he encontrado en la música clásica una fascinación que había perdido con los años y que ahora vuelvo a recuperar. Y estoy descubriendo viejas melodías de los 60's: Henry Mancini, Nat King Cole, Louis Armstrong...
¡Hay tanto por conocer, por disfrutar! Sólo hay que darle la oportunidad, quitarse los prejuicios (ahi estoy yo con el ejercicio, jaja).
Y que la ley SOPA no se meta con YouTube: no es piratería, es compartir el conocimiento y la cultura.
¡Ah! Gracias por leer.
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