Ey, qué onda?
Pues aquí, en plena efervescencia mística-espiritual.
Las últimas semanas han sido de profundo crecimiento personal. ¡Con decirles que hasta de indicadores económicos he tenido qué aprender! De tocho morocho.
Tomar pequeñas y grandes decisiones. Ilusiones llegan y se van. Hay ratos para lágrimas y muchos para sonrisas plenas. Descubrir cosas que no podía imaginar. Comprobar cosas que ya sabía, pero por alguna razón no habían sido puestas a prueba.
Ya sé que cada cierto tiempo salgo con estas mamonerías. Y lo digo sin afan de ofender(me), pues. Tonterías, pose, desvaríos mentales. Es como la marea roja. Hay que tomarlo con filosofiía.
Reconocer que soy una niña, porque cada día es único para mí: todo el dolor y la tristeza existen hoy en mí, la alegría y la esperanza son ahora. El mañana no importa, el pasado tampoco. Hoy lo es todo. Hoy debiste encontrarme, hoy debí haberte besado, hoy fallé, hoy me admiras. Esta paleta de chocolate no existirá mañana. Hoy moriré al desbarrancarse este camión y tocaré con las yemas de mis dedos la sangre que saldrá de mi costado, sin dolor. Hoy habré vivido y moriré-dormiré.
Por esa razón, cuando mi día no se da como quiero, me desespero, exijo solución, me aburro, levanto el puño contra el cielo y cambio de canal. Cual niñita caprichuda.
Y luego, un sabado cualquiera, alguien me recuerda que soy una mujer. Abro mis ojos y digo ¡es cierto! ¿Cómo espero que me tomen en serio si yo misma no lo hago por mí?
Ahora cada paso, cada mirada, y casi cada palabra están impregnados de un esfuerzo por ver más objetivamente la realidad. Lo más cercana a la verdad.
Sí, la neta, son puras mamonerías, pero... tenía que decirlas.
2 comentarios:
Mecachis, Tenías que decirlas.
Tenía que decirlas. :-)
Gracias por leerlas.
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